
Una manguera hidráulica trabaja con aceite a presión. Cuando falla, puede detener el equipo y causar riesgos para quien lo opera. Revisarlas con frecuencia permite reemplazarlas antes de una rotura.
1. Grietas o cubierta desgastada
Si la cubierta exterior está agrietada, cortada o deja ver el refuerzo, la manguera perdió protección.
2. Fugas en las conexiones
Humedad o aceite alrededor de las conexiones indica que el prensado o la conexión ya no sellan bien.
3. Abultamientos
Una zona inflada en la manguera es señal de daño en el refuerzo interno.
4. Rigidez o deformación
Una manguera endurecida, aplastada o retorcida no trabaja como debe.
5. Conexiones corroídas o dañadas
El óxido o los golpes en las conexiones metálicas afectan el sellado.
Por seguridad
Nunca busques fugas pasando la mano sobre una manguera presurizada. Detén el equipo y libera la presión antes de inspeccionar o cambiar una manguera, siguiendo las indicaciones del fabricante.
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